Texto: Odilius Vlak / Ilustraciones: Eddaviel


El veredicto de la maldición fue  que «lo leído en la vigilia sea vivido en el sueño». 

Él aceptó la sentencia cuando escuchó, un día cualquiera de su existencia solar, el lúgubre entusiasmo de una voz que juraba: «Leer a Poe es una experiencia extremófila…, pero no hay nada como soñarlo».

Así, el escalofriante tomo titulado «Mortíferas Historias Extremófilas», por Edgar Allan Poe, no tardó en burbujear en el caldero del hechicero. 

  Lo leyó dentro de un círculo luminoso de rayos solares, subrayando los pasajes más enmohecidos por la muerte; aquellos ahogados en la sangre coagulada que vomitaba el cuervo al cual su delirio poético declamó:

  La primera noche luego de esa ofrenda al genio de Poe, el sonámbulo emprendió su primera peregrinación en la dimensión sagrada de las historias. El poema El cuervo y el relato El gato negro, le dieron luz verde al inicio de sus aventuras nocturnas. 

  Se levantó con normalidad, sus pasos avanzando en números decimales hacia la portada de un libro. La ilustración era una siniestra versión de una pintura bizantina. Se mostraba a Poe vestido con una ceñida túnica monástica; si la luz se ahoga en el negro de esa túnica, su cadáver no flotará jamás a la superficie, pensó cruzando el portal. 

  La cabeza de Poe estaba coronada por un semicírculo de cráneos, cada uno sobre la base de unas tibias compuestas por el cruce de dos manuscritos empapados en sangre. Estos últimos simbolizando obviamente sus relatos y poemas. De los huecos oculares de los cráneos, emanaba una luz escarlata que formaba una aureola: la lámpara guía hacia un oscuro misticismo. Sobre él, y formando otro semicírculo que simulaba la bóveda de una cripta, se alineaban unos seres híbridos, salidos un abismo superior saturado de ennegrecida niebla celeste.  Se dirían ángeles caídos con cabeza de cuervos, los de la mitad izquierda, y de gatos, los de la derecha. 

  Completaban la imagen de esa oscura versión del reino del espíritu santo, todos los personajes de los relatos de Poe: sus apóstoles. Esculpidos en los bajos relieves que adornaban dos enormes huesos que enmarcaban solemnes toda la escena, cual columnas del templo de Salomón.

  Al otro lado del portal se encontraba la primera página. El tono de su prosa cargado por los espantos diurnos que el sonámbulo experimentó al leer los textos de «El cuervo» y «El gato negro». Y sí: «Érase una vez en una melancólica media noche…» 

  Bajo el hechizo de un trance infernal, el cuerpo físico del sonámbulo siguió un desfile de visiones disfrazadas con una belleza gótica. Mientras su carne autómata pululaba por las sombrías y estrechas calles de una ciudad fantasma, sus sueños admiraban maravillados a Leonora esculpir, con el pico de un cuervo, un busto de Palas Atenea sobre la carne viva de su amado. Su frenético grito de «¡nunca más!», era silenciado por los maullidos de un gato negro gigantesco que lamía extasiado un hacha ensangrentada.

  Cuando los sueños observaron mejor el infinito paisaje de ese universo surreal, el sonámbulo se estremeció al comprender que en verdad era el cuerpo de una mujer mutilada por un golpe de hacha… El mismo cadáver que imaginó en el éxtasis de su lectura. De ahí la pálida belleza de carne en descomposición que matizaba todo ese espacio tiempo. 

  Obsesionado y aguijoneado por un incontrolable frenesí, recorrió al unísono cada una de las escenas que formaban ambas historias; viviéndolas en una experiencia mixta de caleidoscópica lobreguez. 

  Al día siguiente, su despertar aún anhelaba la realidad de aquella experiencia onírica. Debido a la ensoñación tardó en darse cuenta que a su lado yacía el cadáver de una mujer, un hacha ensangrentada y un gato tuerto devorando un cuervo mutilado. 

  ¡Excelente! —sus ojos se inundaron de un brillo alucinado—: tanto mis sueños como  mi cuerpo físico depositaron ofrendas al genio de Poe

  Sonrió al pensar en el gran número de relatos que le quedaban aún por leer. Sin pensarlo dos veces —y ya bajo el dominio de su adicción—, tomó el volumen de las «Mortíferas Historias Extremófilas» para suministrarse la primera dosis de ese día. Su título:

NOTA EDITORIAL:

Este homenaje a Edgar Allan Poe, vio la luz por primera vez en la sección «Introvisión» del Blozine Zothique The Last Continent: octubre del 2010.

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